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Noche de canto


No sé si les ha pasado que escuchan una canción, y ya desde el inicio saben que les va a encantar escucharla cada que tienen oportunidad. Así me sucedió con La musica non c'è de Coez. 

No escucho mucha música italiana. Más allá de Tiziano Ferro, no conozco muchas canciones de otros artistas. No he logrado sentir mucha conexión con ese lado musical, la mayoría de canciones que conozco en italiano las sigo escuchando porque no paraban de sonar en tiendas de ropa, supermercados, la televisión y así.

Pero con La musica non c'è fue diferente. Y tal vez no sea tan interesante, pero agradezco a quién me la mostró. Probablemente ella nunca lea esto, me gustaría equivocarme.

Una noche invernal, en las que compartía una misma casa con otras tres chicas, se nos ocurrió la idea de poner música. Precisamente, música para cantar, karaoke le dicen.

Quien me conoce sabe que no canto, a menos que tenga mucha confianza para hacerlo al lado de alguna persona. 

Ese día preparamos unas ricas melanzane con formaggio e prosciutto (berenjenas con queso y jamón). Habían algunas cervezas en la refrigeradora que nos hicieron compañía. Empezamos conversando - yo escuchaba más de lo que hablaba - de la universidad, ellas recordaron a un novio del pasado de Anastasia y yo reía de las anécdotas que contaban que ahora son solo imágenes borrosas en mi mente.

Anna Rosa propuso la idea de cantar, llevó su ukelele a la sala y empezó a buscar canciones, textos y acordes. Recuerdo haberles dicho que no conocía muchas canciones en italiano, solo a Tiziano Ferro y una que otra de diferentes artistas. Las tres me dijeron que no les gustaba Tiziano, y pues, decidido: esa noche no cantaría Sere nere

Empezaron con distintas canciones italianas que no había escuchado antes, intentaba seguir el ritmo para poder pronunciar alguna palabra, pero no lograba hacer nada más que tararear. Annaro - amicalmente se le podía decir así, a ser sincera nunca la llamé de esta manera, no sentía que había confianza suficiente - me dijo que escogiera alguna canción. Pregunté si les gustaría alguna en inglés, respondieron que no había ningún problema.

El dilema era la canción a escoger, ¿escucharían las mismas bandas que yo?, ¿sería mejor pop o rock?, ¿cuáles eran las últimas canciones en inglés que se habían vuelto hits comerciales en Italia?

Escogí Do I wanna know? de Arctic Monkeys, me dije que era una buena canción y muy sonada, imposible que no la conocieran. Solo hubo una cierta reacción y compañía del ukelele. Luego me decidí por un clásico: Wonderwall de Oasis, sí la conocían y la cantaron, mi nerviosismo y ansiedad bajó considerablemente. Y, ¿por qué no? Ed Sheeran con Shape of you, seguido de One Republic con Counting stars.

Me emocionaba compartir, y me di cuenta que ya solo habíamos cantado canciones en inglés un buen rato, así que les dije que escogieran ellas. Empezaron a hablar sobre una canción que escucharon unos años atrás, no recordaban el nombre pero sí la melodía. Entonces Claudia gritó diciendo que ya sabía de cuál hablaban. Y tras un anuncio en YouTube, empezó a sonar: volevo dirti tante cose ma non so da dove iniziare...

Y me conmovió. Hay canciones que solo suenan bien en un determinado idioma, y este es el caso. Frases que traducidas no tendrían el mismo impacto, palabras que en una lengua diferente a la original no causarían algún eco.

Porque al final, sea en el idioma que sea, la música es un lenguaje universal.

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