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Regresando en el tiempo

(Fotografía tomada en Colombo, Sri Lanka por Zulfa Nazer)


La primera vez que abrí un blog en esta web fue hace siete años. El blog tenía un intento de nombre interesante: "Otoño como estado de ánimo", si mal no recuerdo. Escribí algunas entradas en un intento de hacerme conocida. ¿Para qué? Si en ese momento no lo sabía, ahora mucho menos. Bueno, ¿qué estaba pasando en mi vida en el 2014? 

Ahora viene a mi mente las palabras de muchas personas diciéndome que no debo ser tan personal a la hora de escribir. Pero, ¿por qué no? Lo único que conozco es lo que he vivido en carne propia, no puedo hacer a menos, lo he intentado, pero me dije que ya no más. De ahora en adelante escribiría sobre lo que yo quiero.

Dos mil catorce. Es tan raro leerlo en letras, en vez de números. Acabo de recordar algo que me enseñó mi sobrino una de las veces en que le ayudaba a hacer tareas. Estábamos haciendo ejercicios de matemática, sumas y restas. Yo le decía que escriba el número, en cifras, dígitos. Esperaba que un niño de siete años entendiera mi hablar de adulto - bueno, de alguien ya con muchos años aquí. Cuando le dije que escriba, pues él lo escribió: dos mil catorce. Cuando le dije que así no, que sea en números, él respondió: "Ah, entonces lo dibujo". Y yo me quedé pensativa por unos milisegundos, y pues sí, dibujarlos, tan simple como eso. No sé cómo explicarlo hasta ahora, pero tiene mucho sentido.

En fin, retomando, 2014. Iba en el último año de liceo, estudiaba ciencias humanas en un idioma que nunca había pensado aprender. Era una adolescente intentando vivir en un mundo que se me hacía totalmente ajeno, aunque de alguna manera ya me había acostumbrado. Sin embargo, nunca encajé. De ese año recuerdo poquísimas cosas, no hubo grandes traumas, ni sucesos para la historia, ni anécdotas por recordar.

Lo único que me animó ese año fue volver a mi país, estuve de visita por un mes y diez días. Me reencontré con mis amigos de colegio, con un viejo amor - del que tal vez hable más adelante -, con mi familia. También fue encontrar nuevos gustos, los cuales no valen la pena relatar.

Siete años son tantos. Han pasado siete años desde que empecé un primer blog ahora inexistente. Siete fueron los años que no estuve en mi país. Siete años tenía cuando empezaba a notar la inestabilidad de la vida.


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